Experiencia de la infancia – segundo ejercicio de “El gozo de escribir”

By on 9-18-2007 in Antiguos, Cuentos

Juan no se sorprendió cuando Matilde, la profesora de la guardería, le aparto de las grandes piezas de Duplo con las que estaba construyendo una casa y le dijo: “Juanito, vamos un momento a ver a María Jesús, que te quiere presentar a unos señores muy simpáticos”.

María Jesús, una señora delgada, de facciones aguileñas y cuya cara estaba adornada por unas gafas para leer, de esas que tienen el cristal partido en dos, era la directora de la guardería.

No era la primera vez que Juan, unas veces en compañía de sus padres y otras sólo, era llevado al despacho de María Jesús para que lo vieran los padres de otro niño, que, si las tretas de la directora conseguían su propósito, pronto se convertiría en compañero de la guardería.

Matilde, una vez alcanzada la puerta del despacho de María Jesús, golpeo suavemente el cristal que ocupaba la parte superior de la misma, como si tuviera miedo de romperlo o de molestar a los ocupantes de la habitación.

A los pocos segundos se oyó la voz imperiosa de María Jesús: “Adelante”

– “Doña María Jesús, aquí le traigo a Juanito Ramírez, tal y como me pidió” – dijo Matilde una vez ella y Juan hubieron cruzado el enorme despacho hasta la inmensa mesa de caoba que dominaba la habitación.

-“Muchas gracias, Matilde” – oyó Juan mientras examinaba la habitación por enésima vez y se percataba que en los cómodos sillones de cuero con orejeras que había frente a la mesa se hallaba sentado un matrimonio que le miraban con cara expectante.

Matilde le dio un apretón tranquilizador a la mano de Juan, la soltó y se marcho con paso tranquilo y sin mirar atrás, de vuelta con el resto de los niños.

– “Hola, Juan” – dijo María Jesús – “siéntate un momento”. María Jesús señalo a un taburete bajo de color rojo que resaltaba extrañamente dentro de la seriedad de su despacho.

– “Te presento a los señores García del Molar. Estos señores tienen mucho interés en ver lo bien que lees”

– “Bueno” – respondió Juan, con tono de resignación mientras se sentaba.

María Jesús rodeó su mesa y se acerco a Juan mientras extendía su brazo. Abierto en la mano estaba un pequeño papel que Juan cogió y alisó.

Tras darle la vuelta, ya que lo había cogido boca abajo, Juan empezó a leer con voz segura:

– “La aspirina, el éster salicílico del ácido acético fue introducida en la clínica en 1899 siendo utilizada como analgésico, antiinflamatorio, antipirético y antitrombótico. Una vez en el organismo, el ácido acetilsalicílico es hidrolizado a salicilato que también es activo.”

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